Malo & Lila, los pequeños socorristas — primeros auxilios (CP→CM2)
«¡Mamá se ha cortado… ¿qué hago?!» Ante un pequeño accidente, muchos niños entran en pánico, lloran o se quedan paralizados. No por falta de valor, sino simplemente porque nadie les ha enseñado nunca qué hacer.
Y, sin embargo, los pequeños percances forman parte de la vida: una rodilla raspada en el recreo, una hemorragia nasal, una cazuela que quema… El programa escolar «Aprender a socorrer» existe, pero entre dictado y dictado a veces queda en segundo plano. Resultado: el día en que ocurre algo, tu hijo no sabe qué decir ni a quién llamar.
Malo & Lila, los pequeños socorristas
Este libro ilustrado de 44 páginas enseña a los niños de CP a CM2 (a partir de 6 años) los buenos hábitos ante las pequeñas pupas y ante las emergencias reales, siempre adaptado a ellos: el papel de un niño consiste en proteger y avisar, nunca en sustituir las actuaciones de los adultos.
A lo largo de 10 capítulos con grandes ilustraciones, Malo & Lila guían a tu hijo:
- Los números de emergencias 15, 18, 112 y 114 y a cuál llamar
- El reflejo Proteger – Avisar – Socorrer
- Cómo hablar por teléfono con los servicios de emergencias
- Heridas, quemaduras, sangrado de nariz, caídas
- Cómo reaccionar ante un atragantamiento y descubrir la PLS
- Y, sobre todo: mantener la calma cuando todo el mundo se asusta
Cada capítulo sigue el mismo ritual tranquilizador: un truco para recordar, los pasos en imágenes, un recuadro de «esto no se hace» y un reto «te toca a ti» para fijar el hábito jugando.
Imagina dentro de unas semanas… Tu hijo recita con orgullo los números de emergencias durante la cena, sabe cómo actuar si a su hermana pequeña le sangra la nariz… y tú ganas tranquilidad, porque ya ha aprendido a pedir ayuda si algún día lo necesitas.
Conforme al programa «Aprender a socorrer». Por 19,99 € —menos de lo que cuesta una salida al cine—, le ayudas a adquirir reflejos que le servirán para toda la vida.
Pago seguro.
Añade el libro al carrito: la próxima pequeña herida puede convertirse en su primer motivo de orgullo como pequeño socorrista.